Simon Bolivar (1825-1826)

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Primer Presidente de Bolivia 
Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios
Cuando la Independencia de Am√©rica comenzaba a pensarse con otros nombres y a iniciar su recorrido aut√≥nomo, naci√≥ en Caracas, el 24 de julio de 1783, Sim√≥n Jos√© Antonio de la Sant√≠sima Trinidad Bol√≠var y Palacios. Venezuela era entonces una Capitan√≠a General del Reino de Espa√Īa, en cuya poblaci√≥n se respiraban resquemores por las diferencias de derechos existentes entre la oligarqu√≠a espa√Īola due√Īa del poder, la clase mantuana o criolla, terratenientes en su mayor√≠a, y los estratos bajos de pardos y esclavos.

Los mantuanos, a pesar de los privilegios que ten√≠an, hab√≠an desarrollado un sentimiento particular del “ser americano”, que los invitaba a la rebeld√≠a: “Est√°bamos (explicar√≠a Bol√≠var m√°s tarde) abstra√≠dos y, dig√°moslo as√≠, ausentes del universo en cuanto es relativo a la ciencia del gobierno y administraci√≥n del Estado. Jam√°s √©ramos virreyes ni gobernadores sino por causas muy extraordinarias; arzobispos y obispos pocas veces; diplom√°ticos nunca; militares s√≥lo en calidad de subalternos; nobles, sin privilegios reales; no √©ramos, en fin, ni magistrados ni financistas, y casi ni aun comerciantes; todo en contravenci√≥n directa de nuestras instituciones”.

√Čsta era, por lo dem√°s, la clase a la cual pertenec√≠an Juan Vicente Bol√≠var y Ponte, y Mar√≠a de la Concepci√≥n Palacios y Blanco, padres del ni√Īo Sim√≥n. Era el menor de cuatro hermanos y muy pronto se convertir√≠a, junto a ellos, en heredero de una gran fortuna. Bol√≠var qued√≥ hu√©rfano, definitivamente, a los nueve a√Īos de edad, pasando al cuidado de su abuelo materno y posteriormente de sus t√≠o Carlos Palacios; ellos velar√≠an por la educaci√≥n del muchacho, mientras la negra Hip√≥lita, su esclava y nodriza, continuar√≠a ejerciendo sus funciones de cuidado.

Entre los valles de Aragua y la ciudad de Caracas discurri√≥ la infancia y parte de la adolescencia del joven Sim√≥n. Combinaba sus estudios en la escuela de primeras letras de la ciudad con visitas a la hacienda de la familia. M√°s tarde, a los quince a√Īos de edad, los territorios arag√ľe√Īos cobrar√≠an un nuevo significado en su vida cuando, por la mediaci√≥n que realizara su t√≠o Esteban, “ministro del Tribunal de la Contadur√≠a Mayor del Reino” ante el rey Carlos IV, fuera nombrado “subteniente de Milicias de Infanter√≠a de Blancos de los Valles de Aragua”.

Mientras esto suced√≠a, tuvo la suerte de formarse con los mejores maestros y pensadores de la ciudad; figuraban entre ellos Andr√©s Bello, Guillermo Pelgr√≥n y Sim√≥n Rodr√≠guez. Fue este √ļltimo, sin embargo, quien logr√≥ calmar por instantes el √≠mpetu nervioso y rebelde del ni√Īo, aloj√°ndolo como interno en su casa por orden de la Real Audiencia; lo cual ser√≠a la g√©nesis de una gran amistad. Pero ni esto ni aquello de la milicia fueron suficientes para aquietar al muchacho, y sus t√≠os decidieron enviarlo a Espa√Īa a continuar su formaci√≥n.

La estancia en Europa

Corr√≠a el a√Īo 1799 cuando Bol√≠var desembarc√≥ en tierras peninsulares. En Madrid, a pesar de seguir sus estudios, el ambiente de la ciudad le seduc√≠a: frecuentaba los salones de lectura, baile y tertulia, y observaba maravillado la corte del reino desde los jardines de Aranjuez, lugar √©ste que evocar√≠a en sue√Īos delirantes en su lecho de muerte. Vest√≠a de soldado en esos tiempos en los cuales Espa√Īa comenzaba a hablar de Napole√≥n, y as√≠ visitaba al marqu√©s de Ust√°riz, hombre culto con quien compart√≠a largas tardes de conversaci√≥n.

En una de ellas conoció a María Teresa Rodríguez del Toro, con quien se casaría el 26 de mayo de 1802 en la capilla de San José, en el palacio del duque de Frías. Mientras Bernardo Rodríguez, padre de la muchacha, decidía dar largas al compromiso, Bolívar los sigue hasta Bilbao y aprovecha para viajar a Francia: Bayona, Burdeos y París. Inmediatamente después de la boda se trasladan a Caracas y, a pesar de los resquemores que canalizaban los criollos a través de sus conspiraciones, Bolívar permanece junto a su esposa llevando una vida tranquila. Esto apenas duraría, sin embargo, pues María Teresa murió pocos días después de haberse contagiado de fiebre amarilla, en enero de 1803. Bolívar, desilusionado, decide alejarse y marcha nuevamente a Europa.

Los acontecimientos en Venezuela comenzaban a tomar aires de revuelta mientras el caraque√Īo Francisco de Miranda, desde Estados Unidos y las Antillas, preparaba una invasi√≥n que dibujaba la noci√≥n de Independencia. Ajeno a todo aquello, Bol√≠var se re√ļne con su suegro en Madrid, para trasladarse a Par√≠s en 1804. Napole√≥n no tardar√≠a en declararse emperador de Francia. Este √ļltimo hab√≠a organizado una clase arist√≥crata, hallada entre la burgues√≠a, que se reun√≠a en los grandes salones a los cuales asist√≠a Bol√≠var en compa√Ī√≠a de Fernando Toro y Fanny du Villars.

El todav√≠a joven Bol√≠var, especie de dandy americano, se contagia poco a poco de las ideas liberales y la literatura que inspiraron la Revoluci√≥n Francesa. Era un gran lector y un interlocutor bastante interesado en la pol√≠tica de la actualidad. En esos tiempos conoci√≥ a Alexander von Humboldt, expedicionario y gran conocedor del territorio americano, quien le habla de la madurez de las colonias para la independencia; “lo que no veo (dir√≠a Humboldt) es el hombre que pueda realizarla”.

Sim√≥n Rodr√≠guez se hallaba en Viena; Bol√≠var, al enterarse, corri√≥ en su b√ļsqueda. Posteriormente el maestro se traslad√≥ a Par√≠s, y en compa√Ī√≠a de Fernando Toro emprendieron un viaje cuyo destino final era Roma. Cruzaron los Alpes caminando hasta Mil√°n, donde se detuvieron el 26 de mayo de 1805 para presenciar la coronaci√≥n de Napole√≥n, a quien Bol√≠var admirar√≠a siempre. Despu√©s Venecia, Ferrara, Bolonia, Florencia, Perusa y Roma. En esta √ļltima ciudad se produjo el llamado Juramento del Monte Sacro, en el cual, en presencia de Rodr√≠guez y Fernando Toro, Bol√≠var jur√≥ “romper con las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder espa√Īol”.

Bolívar en un retrato realizado hacia 1805 en París

Evidentemente, esta circunstancia no nace en Bol√≠var ni se produce de forma repentina. El fervor del momento y sus conversaciones con importantes intelectuales de la talla, precisamente, de su maestro, le hacen comprender la situaci√≥n de Am√©rica respecto a Espa√Īa. Bol√≠var se entera de las fallidas expediciones libertadoras de Francisco de Miranda en Ocumare y la Vela de Coro, y decide emprender viaje de regreso.

La gestación de un ideal

Bol√≠var regres√≥ a Caracas a mediados de 1807, tras una corta estancia en Estados Unidos, para retornar a su antigua vida de hacendado. Jos√© Antonio Brice√Īo, un vecino de tierras y fincas, le esperaba con un cerco en sus tierras; tal asunto deb√≠a resolverse cuanto antes. Las incursiones de Miranda hab√≠an incorporado entre algunos caraque√Īos el concepto de la emancipaci√≥n; sin embargo, la gran mayor√≠a de los criollos se conformaba con rebelarse pasivamente violando las normas que se dictaban desde Espa√Īa.

Bol√≠var ya se hab√≠a incorporado a las actividades de la conspiraci√≥n (en 1808 ya conspiraba) cuando estall√≥ la revuelta el 19 de abril de 1810. Las noticias del reino anunciaban la invasi√≥n de Espa√Īa por parte de las tropas de Napole√≥n y el secuestro del rey y su hijo Fernando. La situaci√≥n era propicia para que el conde de Tovar presentara al gobierno un proyecto para crear una junta de gobierno adscrita a la Audiencia de Sevilla. Los criollos demandaban participaci√≥n pol√≠tica. En un comienzo, las autoridades se mostraron reacias al proyecto, pero, posteriormente, ante el vac√≠o de poder que se hab√≠a creado, decidieron pactar con los conspiradores. Bol√≠var, enterado de la situaci√≥n, abri√≥ las puertas de “la cuadra de Bol√≠var” para incorporarse en las reuniones. Se neg√≥ categ√≥ricamente a participar en el proyecto de la coalici√≥n; para √©l, deb√≠a clamarse por la emancipaci√≥n absoluta.

En las v√≠speras del jueves santo de 1810, arribaron a la ciudad los comisionados de la nueva regencia de C√°diz, √≥rgano que actuar√≠a en sustituci√≥n de Fernando VII para formar nuevo gobierno. El capit√°n general se les uni√≥ y al d√≠a siguiente los criollos le sitiaron y le obligaron a dirigirse al cabildo. La mitolog√≠a venezolana recoge de esta fecha el instante en el cual Vicente de Emparan, capit√°n general, se asoma en el balc√≥n del cabildo de Caracas para interrogar al pueblo enardecido acerca de la voluntad del mismo a continuar aceptando su mando, con el cl√©rigo Jos√© Cort√©s de Madariaga detr√°s de √©l haciendo se√Īas con su dedo al pueblo para que lo negasen. Tras un rotundo “¬°No!” por parte de la poblaci√≥n, Emparan dice: “Pues yo tampoco quiero mando”. Estall√≥ la famosa revuelta caraque√Īa que, sin propon√©rselo, daba inicio al proceso de Independencia de Venezuela. Se cre√≥ una Junta Suprema de Venezuela. Bol√≠var fue nombrado por √©sta “Coronel de Infanter√≠a”. Le fue asignada la tarea de viajar a Londres, en compa√Ī√≠a de Andr√©s Bello y Luis L√≥pez M√©ndez, en busca de apoyo para el proyecto del nuevo gobierno.

En Londres fueron recibidos por el ministro de Asuntos Exteriores, Lord Wellesley, quien despu√©s de varias entrevistas termin√≥ por mantenerse neutro frente a la situaci√≥n. Bol√≠var, a pesar de ver frustrado el intento, encontr√≥ en esta coyuntura el √ļltimo empuj√≥n que le faltaba para decidirse a entregar su alma y su vida por la idea de la emancipaci√≥n absoluta de toda la Am√©rica. La pieza clave de esta circunstancia la hall√≥ en la figura de Francisco de Miranda, ide√≥logo y visionario de la Independencia de Am√©rica, quien ya hab√≠a ideado, entre otras cosas, un proyecto para la construcci√≥n de una gran naci√≥n llamada “Colombia”. Bol√≠var se empap√≥ de las ideas de este hombre y las reformul√≥ a lo largo de una campa√Īa que durar√≠a veinte a√Īos.

Bol√≠var regres√≥ a Caracas convencido de la misi√≥n que decidi√≥ atribuirse. Miranda no tardar√≠a en seguirlo; su figura era algo m√≠tica entre los criollos, tanto por el largo tiempo que pas√≥ en el exterior como por su participaci√≥n en la Independencia de Norteam√©rica y en la Revoluci√≥n Francesa. Casi nadie lo conoc√≠a, pero Bol√≠var, convencido de la utilidad de este hombre para la empresa que se iniciaba, lo introdujo en la Sociedad Patri√≥tica de Agricultura y Econom√≠a (creada en agosto de 1810). Ganados ambos a la idea de proclamar una Independencia absoluta para Venezuela, instaron a los miembros de la Sociedad a pronunciarse a favor de ello ante el Congreso Constituyente de Venezuela, reunido el 2 de marzo de 1811. Fue a prop√≥sito de ello que Bol√≠var dict√≥ su primer discurso memorable: “Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana. Vacilar es perdernos”. El 5 de julio de 1811 el Congreso declar√≥ la Independencia de Venezuela y se aprob√≥ la Constituci√≥n Federal para los estados de Venezuela.

La primera Rep√ļblica se perdi√≥ como consecuencia de las diferencias de criterios entre los criollos, de los resentimientos entre castas y clases sociales, y de las incursiones de Domingo Monteverde, capit√°n de fragata del ej√©rcito realista, en Coro, Siquisique, Carora, Trujillo, Barquisimeto, Valencia y, finalmente, Caracas. Estaba claro que una guerra civil iba a desatarse de inmediato, pues la empresa en cuesti√≥n era todo menos monol√≠tica. Bol√≠var tomar√≠a conciencia del car√°cter clasista de la guerra y reflexionar√≠a sobre ello a lo largo de todas sus proclamas pol√≠ticas. En esta oportunidad, sin embargo, le toc√≥ defender la Rep√ļblica desde Puerto Cabello. A pesar de su excelente labor pol√≠tica y militar en defensa del castillo, todo fue in√ļtil; las fuerzas del otro bando eran superiores, y a ello se le sumaba la ruina causada por los terremotos ocurridos en marzo de 1812. El 25 de julio se produjo la capitulaci√≥n del general√≠simo Francisco de Miranda; si bien necesaria en su opini√≥n, esta acci√≥n llen√≥ de ira a Bol√≠var, quien, al enterarse de los planes de Miranda de abandonar el territorio, particip√≥ en su arresto en el puerto de La Guaira: “Yo no lo arrest√© para servir al rey sino para castigar a un traidor”.

La estrategia de Bol√≠var fue entonces huir hacia Curazao, desde donde parti√≥ a Cartagena. Su intenci√≥n, arropada en el manto de un discurso deslumbrante, era encontrar apoyo en las fuerzas neogranadinas para emprender en Venezuela la reconquista de la Rep√ļblica. “Yo soy, granadinos, un hijo de la infeliz Caracas, escapado prodigiosamente de en medio de sus ruinas f√≠sicas, y pol√≠ticas”: con estas palabras prosigui√≥ el Manifiesto de Cartagena, carta de presentaci√≥n de Bol√≠var ante el Soberano Congreso, en el cual hace un diagn√≥stico de la derrota al tiempo que ofrece sus servicios al ej√©rcito de esa regi√≥n. Los vecinos lo acogieron otorg√°ndole el rango de Capit√°n de Barrancas.

Bol√≠var libr√≥ unas cuantas batallas, incluso desobedeciendo √≥rdenes, y bajo el mismo procedimiento emprendi√≥ su arremetida hacia Venezuela. Se inici√≥ en mayo de 1813 la Campa√Īa Admirable, gesta que consisti√≥ en la reconquista de los territorios del occidente del pa√≠s y en forma simult√°nea los de Oriente a cargo de Santiago Mari√Īo hasta entrar triunfalmente en Caracas en agosto del mismo a√Īo. ¬°Vuelve la Rep√ļblica! A su paso por M√©rida le llamaban “el Libertador”, y con ese nombre fue ratificado por la municipalidad de Caracas, que le nombr√≥, adem√°s, capit√°n general de los ej√©rcitos de Venezuela.

La guerra de liberación

Estaba claro que la naturaleza de la guerra era cambiante, lo cual no tardar√≠a en demostrarse nuevamente. La astucia con la cual Bol√≠var intent√≥ polarizar los bandos a trav√©s del Decreto de guerra a muerte de 1813 (“Espa√Īoles y canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes. […] Americanos, contad con la vida, aun cuando se√°is culpables”), no fue suficiente para mitigar las diferencias existentes entre los ej√©rcitos de pardos y negros frente a la gesta emancipadora. La furia de los ej√©rcitos llaneros, al mando del asturiano Jos√© Tom√°s Boves, oblig√≥ al √©xodo de Caracas en julio de 1814. La Rep√ļblica cae nuevamente.

En la batalla de Araure (5 de diciembre de 1813)

Había que repensar la situación. Después de un corto pero victorioso tránsito por la Nueva Granada es nombrado general de división, y tras lograr la adhesión de Cundinamarca, capitán general de la confederación de la Nueva Granada, marcha hacia Jamaica en mayo de 1815. En Kingston se dedicó a divulgar, a través de una copiosa correspondencia con personalidades de todo el mundo, la intención de la guerra que se estaba librando en el territorio de la América meridional. Hasta entonces, el mundo sólo conocía la versión de los realistas.

De estos documentos divulgativos, el m√°s famoso es la Carta de Jamaica. En ella reproduce el panorama de todas las luchas que se llevaban simult√°neamente en Am√©rica, especula acerca del futuro del territorio, y adelanta la idea de la uni√≥n colombiana. Y es que la escritura fue un cap√≠tulo importante en la vida de Bol√≠var. El poder que ejerc√≠a su pluma, puede decirse, le garantiz√≥ gran parte de sus triunfos. Revolucion√≥ el estilo de la prosa haciendo de su letra el reflejo vivo de sus pasiones, pensamientos y acciones. Sus amanuenses y secretarios conven√≠an en que los dictados del Libertador “ten√≠an ganada la imprenta sin un soplo de correcci√≥n”. Desde el despacho de Jamaica preparaba la nueva estrategia para Venezuela.

La reconquista de Venezuela tardar√≠a seis a√Īos en conseguirse. Las expediciones se iniciaron en Margarita, continuaron su escalada por el oriente en direcci√≥n hacia Guayana, habilitaron la navegaci√≥n del Orinoco en marcha hacia los llanos y, despu√©s, por el Ande hasta Boyac√° y Bogot√°, y desde el occidente hasta Valencia, para sellar la independencia definitiva en Carabobo, el 24 de junio de 1821.

La batalla de Carabobo

Fueron los tiempos de Pablo Morillo, enviado del ya liberado Fernando VII. Vencerlo fue tarea difícil, y Bolívar tuvo que emplear nuevas estrategias de adhesión: proclamó la libertad de los esclavos, ofreció tierras a cambio de lealtad militar. Obtuvo la lealtad de los ejércitos llaneros, al mando de José Antonio Páez, vitales en la liberación de esta contienda junto a un contingente importante de soldados y generales europeos, británicos fundamentalmente, quienes anhelaban unirse al Libertador. Simultáneamente, Bolívar se encargó de la reconstrucción política de la región: convocó un Congreso en Angostura en febrero de 1819, donde pronunció un célebre discurso en el cual instó a los representantes a proclamar una constitución centralista y la creación de la Gran Colombia.

El sur se encontraba en la mira de Colombia, es decir, de Bol√≠var. La liberaci√≥n y adhesi√≥n de Quito y Guayaquil resultaba fundamental para mantener la hegemon√≠a de Colombia en el continente. Ello fue logrado, desde el punto de vista militar, en la batalla de Pichincha, y desde el punto de vista pol√≠tico, por las negociaciones adelantadas por Sucre y Bol√≠var en la regi√≥n. La jornada de Independencia, sin embargo, terminar√≠a en Per√ļ con las batallas de Jun√≠n y Ayacucho, en 1824.

El valor estrat√©gico que ten√≠a la liberaci√≥n y conquista de este territorio por parte del ej√©rcito Libertador era promover la salida definitiva de los espa√Īoles del territorio americano. Pero, adem√°s, se trataba del triunfo de la ideolog√≠a bolivariana republicana sobre la propuesta de construir una monarqu√≠a en los territorios del sur, defendida por la oligarqu√≠a peruana y secundada aparentemente por Jos√© de San Mart√≠n, “Libertador del Sur” y “Protector” de aquellas tierras. Ambos libertadores se reunieron en Guayaquil en julio de 1822 con el fin de tratar √©ste y otros asuntos relativos a la guerra. Nunca se supo de qu√© hablaron, pero el curso de los acontecimientos brinda la evidencia de un pacto en el cual San Mart√≠n cede. Bol√≠var anhelaba para el Alto Per√ļ su reivindicaci√≥n definitiva como tierra incaica frente a la devastadora clase dominante lime√Īa. En ese territorio, despu√©s de la batalla de Ayacucho se construye una naci√≥n con el nombre de Bol√≠var (Bolivia). Sucre queda al mando y Bol√≠var regresa a rendir cuentas al Congreso colombiano; corr√≠a el a√Īo 1826.

Los meses que precedieron la muerte del Libertador en Santa Marta, en 1830, le significaron a Bol√≠var la evocaci√≥n de la memoria de su amarga derrota pol√≠tica. La trayectoria desde lo alto de la cima del Chimborazo cuando Bol√≠var deliraba y se confund√≠a con el “Dios de Colombia” hasta su renuncia a la presidencia de Colombia en abril de 1830, signific√≥ para Bol√≠var la lucha por la verdadera construcci√≥n de las naciones. Abog√≥ en todo momento por la edificaci√≥n de un Estado centralista que lograra cohesionar aquello que en virtud de la heterogeneidad racial, cultural y geogr√°fica no resist√≠a la perfecci√≥n de una federaci√≥n.

Todo fue in√ļtil. Las pugnas caudillistas y nacionalistas vencieron y procedieron a la separaci√≥n de Venezuela y Ecuador de la Gran Colombia. Recordaba a Manuelita S√°enz, su √ļltimo amor y la “Libertadora” de su vida en el atentado del 25 de septiembre de 1828, en Bogot√°; tambi√©n evocaba otros amores y otros atentados. Lloraba la muerte de Sucre, recordaba y deliraba, y as√≠ muri√≥, solo y defenestrado de los territorios que hab√≠a libertado, por causa de una hemoptisis, en la Quinta San Pedro Alejandrino, el 17 de diciembre de 1830. En 1842 el gobierno de Venezuela decidi√≥ trasladar los restos de Bol√≠var, seg√ļn su √ļltimo deseo. Desde entonces, su legado ha devenido mito y veneraci√≥n como “fundador de la patria”.

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