Senkata llora a sus muertos entre el dolor y la rabia

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“Han matado a mi hermano como a un perro”, dijo uno de los familiares de las v√≠ctimas de Senkata. Dice que su hermano no estaba entre los manifestantes pero se acerc√≥ para ayudar a los heridos. En la ciudad m√°s joven del pa√≠s, el dolor y la rabia son evidentes.

El dolor y la rabia son evidentes en el barrio de Senkata, en El Alto, cuyos vecinos empezaron este miércoles a despedir a las víctimas fatales de los disturbios ocurridos en la víspera frente a una refinería de gas.

La Defensoría del Pueblo de Bolivia ha confirmado la muerte de ocho personas tras un operativo militar y policial que buscaba desbloquear el paso para llevar combustibles desde la planta de Senkata hasta la vecina ciudad de La Paz.

El templo San Francisco de Asís, donde desde la noche del martes se vela a varios de los fallecidos, fue el espacio donde los peritos del Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF) empezaron a practicar las autopsias.

El trayecto

El resto de El Alto parece casi ajeno a lo ocurrido en Senkata, casi porque aunque sus calles no est√°n desiertas por completo, esta urbe, la segunda m√°s poblada de Bolivia,¬†est√° lejos de su cotidianeidad rebosante de veh√≠culos, sobre todo de transporte p√ļblico, adem√°s de comercio y gente.

Muy pocos vehículos se animan a acercarse hasta los barrios colindantes con Senkata, ante los bloqueos callejeros instalados desde el puente Bolivia sobre la Avenida 6 de marzo, que es parte de la carretera hacia la región andina de Oruro, la central Cochabamba y a otra ruta que va hacia Chile.

Una caminata de unos cinco kilómetros desde el puente Bolivia aguarda a quienes se animen a llegar hasta Senkata, en medio de piedras, alambre, tubos de metal, restos de fogatas, ladrillos, palos y enormes trozos de cemento colocados a lo largo de esta avenida para impedir el paso de vehículos.

Parte de¬†un puente peatonal que fue tumbado la noche del martes, tras conocerse que hubo muertos en Senkata, avisa que uno ya se encuentra en ese barrio alte√Īo.

La gente va y viene sobre la avenida, muchos portando la wiphala, la multicolor bandera indígena.

Al ver periodistas en la zona, la recomendaci√≥n, a veces gentil, a veces en tono hostil, es¬†“digan la verdad”.

La muchedumbre es mayor cerca de la refinería, donde varios trechos de su muro perimetral fueron destrozados en la víspera y ahora en cada espacio hay militares custodiando para evitar que la gente ingrese.

Algunos de los que se dirigen hacia el lugar donde est√°n los fallecidos se detienen a insultar a los militares, llam√°ndoles “vendidos” y¬†amenazando con que pagar√°n por las muertes.

En el lugar conocido como la¬†extranca de Senkata, centenares de vecinos, campesinos de la regi√≥n de La Paz y otros sectores se congregaron para esperar a que concluyan las autopsias que se realizaban desde el mediod√≠a, con encendidos discursos en contra del Gobierno interino de Jeanine √Ā√Īez.

Bronca y dolor

Unas calles más allá, los ánimos están exacerbados, sobre todo en los alrededores de la parroquia San Francisco de Asís, a la espera de que los forenses concluyan su labor.

Los cuerpos de algunos fallecidos¬†yacen sobre las bancas del templo cubiertos con frazadas, mientras que otros ya fueron colocados en ata√ļdes, rodeados por las familias, con semblantes de dolor algunos y de enojo otros.

Uno de los fallecidos es Juan Jos√© Tenorio, de 23 a√Īos, cuyo hermano mayor, que pidi√≥ mantener su nombre en reserva, reclam√≥ que su muerte no quede en la impunidad.

“Lo¬†han matado a mi hermano como a un perro, yo me siento dolido. Anoche llor√© toda la noche, estoy seco, toda mi familia ha llegado y hasta ahora no podemos aceptar la muerte”, confes√≥ a Efe.

El hombre asegur√≥ que su hermano no estaba con los manifestantes que protestaban cerca de la refiner√≠a, pero se acerc√≥ para ayudar a sacar a los heridos que fueron cayendo a causa de la “balacera”.

Tambi√©n se lament√≥ porque Juan Jos√© deja una viuda y un hijo peque√Īo y pidi√≥ a las autoridades que se pongan “la mano al pecho”.

Otro de los fallecidos es¬†Joel Colque Patty, de 22 a√Īos, cuyo hermano Carlos declar√≥ a Efe que “los militares lo han reprimido”.

“√Čl iba a su trabajo,¬†√©l no era ning√ļn manifestante, no pertenec√≠a a ning√ļn grupo pol√≠tico, no era delincuente”, exclam√≥ entre duras cr√≠ticas al Gobierno interino.

Seg√ļn el hermano, la gente est√° “con la sangre hirviendo” por lo ocurrido y pidi√≥ que se indemnice a los familiares de las v√≠ctimas.

“S√© que¬†ni el dinero nos va a devolver a nuestros seres queridos,¬†pero pedimos que nos respondan por nuestros muertos”, sentenci√≥.

La voz de la Defensoría

La¬†Defensor√≠a del Pueblo cifra en ocho los muertos¬†en los sucesos del martes, seg√ļn explic√≥ a Efe la encargada nacional de esa instituci√≥n, Nadia Cruz, que acompa√Īa la labor de los forenses.

“Dos de ellos,¬†de acuerdo a los informes m√©dico forenses, hubiesen fallecido como consecuencia de impactos de bala”, detall√≥ tras acercarse a la iglesia.

La Defensora expres√≥ su dolor por lo ocurrido en El Alto, donde “hay mucho luto, mucho dolor, mucho pedido de justicia en las calles”, lo que a su juicio deber√° ser respondido por el Estado con justicia.

La funcionaria reconoci√≥ que las¬†posibilidades de di√°logo¬†que hab√≠a en la v√≠spera “han disminuido”, aunque indic√≥ que su oficina seguir√° intentando un acercamiento entre estos sectores y las autoridades.

“La gente no quiere m√°s muertos,¬†la gente no quiere sentirse m√°s afectada. Es importante que el Estado pueda dar una se√Īal de pacificaci√≥n, posiblemente retirando a las Fuerzas Armadas de las calles, llamando a un di√°logo sin persecuciones en paralelo”, concluy√≥.

Con los¬†ocho fallecidos en El Alto, la cifra de muertos desde que estall√≥ la crisis en Bolivia tras las fallidas elecciones del pasado 20 de octubre sube a 32, seg√ļn Cruz.

El Gobierno de √Ā√Īez mantiene que¬†los disparos mortales no son de militares, pero por ahora no hay versi√≥n oficial sobre los autores.

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