Macri sabía del Golpe Cívico Militar Policial a Bolivia una semana antes del mismo

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El 4 de noviembre Luis Fernando Camacho pidió asilo al consul argentino en Santa Cruz si fracasaba.

(Por Alejandra Dandan / elcohetealaluna.com)  El gobierno argentino supo con seis días de anticipación que se preparaba el golpe en Bolivia. Luis Fernando Camacho convocó a una reunión a los representantes diplomáticos de los consulados de Santa Cruz de la Sierra. La reunión que originalmente iba a hacerse el viernes 1° de noviembre pasó al lunes 4. Ese día se reunió con los representantes locales de la Argentina y de España. Pidió asilo al consulado argentino ante un eventual fracaso de lo que llamaba insubordinación civil. Asilo que el consulado no podía brindar porque la atribución le correspondía a la embajada en La Paz. Pero en ese contexto, les dijo que 48 horas mas tarde las Fuerzas Armadas iban a entrar en la casa de gobierno.

La información quedó volcada en un cable que el consulado argentino envió a la Cancillería. Y de acuerdo a información de primera mano obtenida por El Cohete A La Luna, los dos cónsules buscaron disuadir al fanático empresario de lo que consideraban una locura. Bajo esa perspectiva quienes intervinieron del encuentro creyeron haberlo convencido.

Las Fuerzas Armadas de Bolivia estaban encabezadas hasta el domingo pasado por el general Williams Kaliman, cercano al Presidente. Hasta último momento Kaliman no se pronunció sobre la situación cada vez más grave del país. Primero emitió un comunicado. Después se mantuvo en silencio hasta que, al final, sugirió la renuncia del Presidente. El director ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, Alfredo Serrano, que siguió de cerca los acontecimientos en Bolivia, explicó en estos días que es muy probable que al interior de las FFAA hubiera división, y todavía la haya.

Pese a las presiones ejercidas primero por Camacho para la sublevación con movilizaciones de miles de personas en las calles, «las Fuerzas Armadas tuvieron varias horas de desconcierto, no se aprovecharon del vacío institucional y en ningún momento asumieron el control de las riendas del país. Esto no les exime de responsabilidad porque se fueron acoplando al tsunami golpista», dijo. «A partir de ahora veremos qué ocurre porque la partida aún no está cerrada. Hasta el momento, la autoproclamada Presidenta ha cambiado al comandante de las Fuerzas Armadas, lo cual quiere decir que no se fía del anterior ni de su ascendencia sobre otros mandos intermedios». El viernes a la noche, la partida parecía comenzar a perderse. Bajo el mandato de Áñez, los militares asesinaron a cinco manifestantes en Cochabamba. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos difundía en su sito oficiales los videos que se viralizaron de la represión con los muertos y decenas de heridos. Y describía un «uso desproporcionado de la fuerza policial y militar».

La trastienda
Hasta un mes antes de este tsunami, los representantes del consulados extranjeros en el oriente rico de Bolivia no conocían a Luis Fernando Camacho. Hay que pensar su emergencia no sólo asociada a las movilizaciones del último tiempo. Uno de los detonantes que observa el cuerpo diplomático en esta furiosa movida comenzó a preanunciarse en septiembre con los incendios de Chuquisaca. Ellos creen que en aquellos sucesos de incendios en la zona de la Amazonía boliviana hubo una mano negra que acicateó a la oposición de un país sin crisis económica, con 75 por ciento de su población entre los sectores de clase media.

Camacho es conocido en Santa Cruz como empresario. Es un abogado de 40 años, con posgrado en Barcelona que proviene de una de las familias económicamente más poderosas de la región más rica del país con inversiones en negocios de seguros, sistema financiero e hidrocarburos. La elite a la que pertenece hoy representa el 5% de la población, que en realidad también pueden pensarse como supervivientes del esquema de poder que menguó hasta quedar reducido durante el gobierno de Evo. Ese universo de empresarios, sin embargo, no es homogéneo. Entre ellos existe un sector que creció económicamente con el gobierno y con el que el masismo contaba como retaguardia.

Pero Camacho es además el hombre de la Biblia y el rosario. Un hombre que aglutinó alrededor de esos dos símbolos la representación de católicos integristas, fundamentalistas y protestantes, símbolos que podían levantar la idea de la corona española frente a los tradiciones indígenas o la celebración a la Pachamama de los pueblos originarios que confluyeron en el gobierno.

Formalmente es presidente del Comité Cívico de Santa Cruz de la Sierra, una organización que nació en los años ’50 de la mano de los petroleros y empresarios de hidrocarburos que disputó por regalías con el Estado. La organización nuclea actualmente a una veintena de asociaciones diversas con apoyo de sectores medios blancos y ramas más radicales como la Unión Juvenil Cruceña, con formación falangista, conocida en los últimos días por la virulencia de los ataques racistas.

Ya en 2008 el sociólogo Ricardo Eid describía a los unionistas en esos términos: la táctica es sorprender y atacar en grupo, con armas contundentes a personas desarmadas, aisladas, débiles, se alimenta con la impunidad que los protege, pues la Unión es parte del poder regional que hasta entonces, decía, no tenía oposición apreciable en la ciudad.

El Comité Cívico de Santa Cruz es, además, parte de una estructura más amplia. Tiene representaciones en los nueve departamentos de Bolivia. Y esa es la estructura que funcionó como estado paralelo desde las elecciones del 20 de octubre para paralizar el país con bloqueos, convocatorias al paro y reclamos encabezados vía Twitter por el propio Camacho.

Para las elecciones argentinas del 27 de octubre, el consulado en Santa Cruz debió negociar con los integrantes del Comité local la apertura de pasos para quienes acudían con sus documentos a la sede de la votación. Los cívicos funcionaban en los hechos como autoridad de control territorial.

En las elecciones bolivianas primero desconocieron los resultados y exigieron balotaje. Y luego radicalizaron la postura con el correr de los días. Cuando Evo Morales aceptó convocar a un balotaje, exigieron su renuncia.

La reunión
Una revisión de los acontecimientos que ocurrieron entre el 1° y el 5 de noviembre permite entender qué discutió Camacho ante el Consulado. Ese 1° de noviembre, ya exigía vía Twitter la renuncia de Morales. Poco después lo emplazaba a tomar una decisión con plazos perentorios. Tiene 48 de plazo, decía. Y luego, sólo le quedan 24 horas. Finalmente el día 5 de noviembre anunció a qué se refería con esa línea de tiempo: dijo que tenía escrita una carta de renuncia de Evo Morales. Y que él mismo se encaminaba a llevarla al Palacio del Quemado.

Pero, ¿eso iba a anunciar? ¿Una carta? ¿O ese plazo hablaba del golpe?

Los cónsules se reunieron el 4 de noviembre. Hubo un café. Por la Argentina estuvo Roberto Dupuy y por España Agustín Uña Rodríguez. Dupuy es radical. Cree en los procesos democráticos. Y tal vez sirva decir que en la página web del Consulado se lo ve dando clases en escuelas con proyecciones del Simón Bolivar de Zamba.

Dupuy avisó a la Cancillería que iba a hacerse esa reunión. Y también le avisó a su jefe político, el embajador argentino en La Paz Normado Alvarez García, otro radical, amigo de Gerardo Morales, hermano de Julio Rolando Alvarez García, «Pampero», estudiante de derecho en Tucumán, y militante de la JUP, desaparecido en agosto de 1976. La idea del encuentro provocó ciertas tensiones entre embajada y consulado. Pero según lo que pudo reconstruir El Cohete en una semana caliente, los diplomáticos de Santa Cruz de la Sierra sabían que las Fuerzas Armadas comenzaban a tener fisuras. Que Camacho encabezaba movilizaciones de un millón y medio de personas. Y que tenía información de primera mano que ellos necesitaban conocer para reportar a sus gobiernos.

Algo de esa reunión trascendió esta semana. Algunas versiones señalaron que la Argentina ofreció un salvoconducto a Camacho como protección si fracasaba el intento de golpe, pero eso no es cierto. De acuerdo a los datos de El Cohete, fue al revés. La reunión se hizo a instancias de Camacho. Y el cónsul argentino no dio apoyo sino que intentó disuadir.

La agenda tocó por lo menos dos temas:

Asilo. Camacho pidió asilo al consulado si fracasaba en el avance contra el gobierno. Como se dijo, el consulado volcó el pedido en uno de los varios cables que emitió. Y le dijo que el asilo sólo lo podía otorgar la embajada, que no estaba en Santa Cruz sino en La Paz.

Fuerzas Armadas. Supieron que se preparaban para intervenir militarmente 48 horas más tarde. Es decir, el 6 de noviembre. Ese primer intento de golpe es aparentemente lo que, si esa versión es como dicen, ellos lograron demorar. Y que terminó con un golpe de otras características, y la renuncia de Evo.

Chuquisaca
Los orientales responsabilizaron erróneamente a Evo por los incendios. El gobierno central había desplazado habitantes de Occidente al Oriente como parte de sus políticas. Las quemas son parte de una práctica naturalizada en la Amazonía como parte de los mecanismos de expansión de la frontera agraria. Alrededor de los incendios hay otras hipótesis. Pero en Santa Cruz creen que los blancos de la clase media achacaron la responsabilidad a los desplazados de occidente, los recién llegados, los cabecitas negras bolivianos.

La campaña para salvar la selva y paliar el fuego se propaló en las redes sociales. Camacho, cuyo padre había encabezado un intento de golpe diez años antes, emergió con voz aglutinadora en ese contexto.

Para entonces la Argentina envió brigadas especializadas en control de fuego. También lo hizo Gerardo Morales. Esta semana se habló de esa ayuda para ligar a Morales con el golpe. Morales desmintió todo y, pese a la tensión que mantuvo con Evo, encuadró los sucesos en Bolivia como golpe de Estado.

Pese a eso, hay una escena en la que vale la pena detenerse. No por Morales, sino por la foto.

Morales envió brigadistas y fue a buscarlos el 4 de septiembre. Ese mismo día a la noche llegó a la provincia de Jujuy la hija del Presidente Donald Trump. Ivanka viajó a apoyar la acción de una ONG llamada Pro-Mujer, creada en los años ’90 en Bolivia. A partir de este año, esa organización cuenta con financiamiento de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo, USAID. Eso explica la participación en primer plano de celebridades del Departamento de Estado de Estados Unidos en una foto tomada al pie del cerro de los siete colores en Purmamarca.

La delegación estadounidense integrada por el Subsecretario de Estado, John Sullivan; el Jefe Interino de la Corporación Privada de Inversiones en el Extranjero (OPIC), David Bohigian; la Subsecretaria Interina de Asuntos del Hemisferio Occidental, Julie Chung y el Administrador de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), Mark Green. El embajador Edward Prado, El canciller Faurie, Ivanka Trump, Gerardo Morales y su nueva esposa, Tulia Snopek.

La USAID tiene larga historia en la región. Creada en 1961 en el marco del Plan Marshall como programa de asistencia y fortalecimiento para diversas geografías del mundo, hoy es uno de los dispositivos que depende del Departamento de Estado y canaliza fondos de acuerdo sus prioridades programáticas. Los líderes progresistas latinoamericanos la denunciaron en diversas ocasiones como mascarón de la CIA y usina de financiamiento para proyectos de desestabilización. Lo hicieron Hugo Chavez, Rafael Correa y en 2013 Evo Morales. El Presidente de Bolivia echó a sus representantes y acusó a la USAID de interferir en los asuntos internos y «seguir conspirando» contra su gobierno.

Ivanka permaneció menos de 24 horas en Jujuy. Llegó el 4 a las 21 horas. Y se fue a la tarde del día siguiente. Durante ese día visitó a una panadera de Palpalá en las fueras de la capital de la provincia. Y el negocio familiar de una costurera en la capital. Pachama hace ropa que combina diseños de tela occidental y aguayos indígenas diseñados por Alejandro Polo, el hijo del matrimonio.

Polo fue candidato del Frente Unidad Ciudadana. Terminó metido en aquella escena porque su madre lleva catorce años dentro del Programa Pro-Mujer, que en los hechos es un sistema de micro-créditos que le permite obtener una suma de 45.000 pesos cada cinco meses al 7% de interés. El dinero no le permitió sortear la crisis de estos años. Y el proyecto Pachama, con seis años de vida, perdió en los últimos cuatro las bocas de venta en cuatro provincias y estuvo o está a punto de reconvertirse a vinos. Polo sabe que el mecanismo del programa no resuelve sus problemas de estructura económica, pero aceptó la visita de Ivanka porque la foto podía darle publicidad.

Algo así puede pensarse también de la visita de la hija de Trump. El montaje para una foto. Cuando estuvo adentro del local, le pidió a los varones que estaban adentro que salieran porque necesitaba una imagen sólo de mujeres.

Alejandro salió. Luego volvió. Y consiguió lo que quería. No pudo lograr que se probara una ropa porque ni su madre se atrevió a pedírselo. Ni lo hizo la única empleada que queda en el local. Pero pudo pedirle que posara con los dedos en V.

La hija de Trump salió después a Paraguay. Oscar Laborde del Parlasur recordó en un artículo a Mark Feierstein, administrador adjunto para América Latina y el Caribe de la USAID en 2012 quien aseguró que Washington prioriza el apoyo a fuerzas opositoras que «están luchando por los derechos humanos y la democracia”. Para entonces, habló de sus apoyos a Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua. E incluyó también a Bolivia como parte de los espacios de la no-democracia.

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